Publicado en Deliberación
Con la transmisión del último anuncio televisivo (spot) del PAN en el que se presenta a Enrique Peña Nieto (EPN) como “un mentiroso” se inaugura oficialmente la campaña negativa en las elecciones presidenciales de 2012. A pesar de haber sido promovido por los candidatos a diputados y senadores, el spot es, en sí mismo, el resultado de la nueva estrategia realizada por Josefina Vázquez Mota (JVM) luego de cambios en su equipo de campaña. Salido al aire el 10 de abril, en el spot se escucha una voz en off mencionando dos compromisos que EPN no cumplió como gobernador del Estado de México. El primero fue el “compromiso número 67, construcción de la vialidad Barranca del Negro en Huixquilucan”, y el segundo fue el “compromiso número 57, creación de un parque ecoturístico en la laguna de Zumpango”. En ambos casos se contrasta el discurso de EPN con fotografías “reales” de los “compromisos supuestamente cumplidos”, en donde se aprecia una obra inconclusa, neumáticos alrededor de un muelle y en la orilla de lo que parece ser agua contaminada. El anuncio concluye con la frase “Peña Nieto es un mentiroso, No cumple”, que se escucha y se puede leer en la parte inferior de la pantalla.
Tal como en 2006, la historia parece repetirse pero yuxtaponiendo personajes y partidos políticos del contexto actual. En 2006 el enemigo a vencer, es decir, el rival más fuerte, era Andrés Manuel López Obrador (AMLO). En 2012 el rival más fuerte es EPN ubicado, según las encuestas, cómodamente por encima de los demás candidatos -cabría recordar que los porcentajes son similares a los que daban a AMLO al inicio de la campaña de 2006, y que al final perdió por un ligero margen-. En 2006 la campaña negativa la inició el PRI. Ahora es el PRI el atacado. En 2006 se dijo de AMLO que era un “peligro para México”. Ahora EPN es un “mentiroso”, un político en quien no se debe confiar. En 2006 se nos repitió hasta el cansancio y hartazgo que AMLO encarnaba la intolerancia y el autoritarismo de Hugo Chávez, que había vaciado las arcas y aumentado la deuda y el desempleo del Distrito Federal, que era capaz de llevar a México a la ruina económica, y que era irrespetuoso con las normas e investiduras. Ahora EPN es atacado por haber sido incapaz de cumplir con los compromisos de obra e infraestructura pública.
Las campañas electorales recién comenzaron y los candidatos están realizando ajustes y rearmando su estrategia conforme su posición en las encuestas. Saben, al igual que en 2006, que si no reciben suficiente apoyo para subir en las preferencias ciudadanas, siempre contarán con un último recurso: la crítica al adversario. Y la crítica como tal no está prohibida por la norma electoral ni es mala en regímenes democráticos, sobre todo cuando se trata de dar a conocer los manejos corruptos, las administraciones ineficaces, los apoyos económicos de procedencia ilícita y hasta el pasado delictivo de los candidatos rivales. Porque todo ello forma parte de su historial como personajes públicos. Lo lamentable es que se desacredite con calumnias e injurias y no que se pretenda exhibir con evidencia probatoria.
Aun faltan más de dos meses para llegar al 1 de julio y no sabemos qué nos tienen preparados los partidos políticos y sus candidatos. Y en este sentido la experiencia del 2006 parece traer consigo un primer cambio positivo. La campaña negativa en contra de AMLO en 2006 estuvo plagada de mentiras y difamaciones que buscaban insertar el miedo en la población, preveían desastres económicos y suponían que nuestra libertad individual se vería seriamente afectada. Contrario a esto, el spot de los candidatos del PAN es veraz puesto que EPN, en efecto, no solo no cumplió con los compromisos adquiridos sino que dejó un estado repleto de obras inconclusas, muchas de las cuales fueron inauguradas y ahora tienen tramos inservibles.
El punto de inflexión no está en la negatividad de los anuncios, como bien queda claro al darnos cuenta que AMLO no es un peligro para México y que EPN miente, sino en el engaño. Esto lo que debe cambiar en 2012 de cara a las elecciones presidenciales. Hacer la diferencia está en manos de los consejeros del IFE y de los propios mexicanos. Los primeros tienen el poder legal para impedir que se caiga en una campaña de desprestigio construida a base de mentiras; a los segundos nos corresponde hacer valer y respetar nuestra calidad de ciudadanos y no prestarnos a los engaños que los partidos políticos nos transmiten a través de sus mensajes.